Directo a la Tarde: ¿Es bueno decirle todo el tiempo a mi hijo «lo bueno que es»?

Directo a la Tarde - 7 abril 2026

El Peligro Oculto de los Niños «Demasiado Buenos»

A menudo, la sociedad aplaude a los niños que son callados, que nunca molestan y que obedecen sin rechistar. Sin embargo, detrás de la fachada del «niño perfecto», puede esconderse una realidad preocupante. Ser un niño «demasiado bueno» no siempre es sinónimo de bienestar; de hecho, puede ser profundamente perjudicial para su desarrollo psicológico.

¿Qué hay detrás del silencio?

En muchos casos, los niños son excesivamente buenos simplemente porque han aprendido a no expresarse. Esta inhibición puede llevarlos a volverse invisibles y ausentes en su propio entorno.

El desarrollo infantil requiere acción. Un niño necesita experimentar, hablar, preguntar y crecer a través de la exploración constante. Si un pequeño simplemente se sienta, no se mueve y no causa ningún «problema», carece de la iniciativa vital necesaria para aprender sobre el mundo.

A menudo, la raíz de este comportamiento se encuentra en casa:

  • Padres muy exigentes: Adultos que imponen reglas por la fuerza y no dejan margen para la espontaneidad.
  • Falta de espacio para ser niños: Se les exige ser modelos perfectos de comportamiento, olvidando que los niños necesitan jugar, ensuciarse y cometer errores.

De la infancia a la adultez: Las consecuencias de la represión

Reprimir la propia identidad durante la infancia tiene un coste muy alto que suele manifestarse en etapas posteriores de la vida.

Cuando estos niños llegan a la adolescencia, el resultado tiende a polarizarse: pueden estallar en una fuerte rebeldía o, por el contrario, hundirse en una sumisión absoluta. Al llegar a la adultez, aquellos que han reprimido crónicamente sus emociones corren el riesgo de convertirse en:

  • Adultos complacientes: Personas indefensas que basan su valor en agradar a los demás.
  • Individuos sin límites: Personas con serias dificultades para defender sus derechos o decir «no».
  • Perfiles manipuladores: Al no saber pedir lo que necesitan de forma directa, pueden recurrir a estrategias indirectas.

A largo plazo, esta desconexión con sus propias necesidades es un caldo de cultivo para trastornos como la ansiedad, la frustración crónica y la depresión.

Cómo criar niños sanos (y no maniquíes)

Para revertir o prevenir este patrón, los adultos deben cambiar el enfoque de la crianza, priorizando el bienestar emocional sobre la mera obediencia. Algunas claves fundamentales son:

  1. Dar espacio para la expresión: Crear un intervalo seguro donde el niño pueda hablar, reír, llorar o quejarse sin miedo a ser juzgado.
  2. Validar sus sentimientos: Enseñarles a identificar lo que sienten y hacerles saber que todas las emociones son lícitas.
  3. Fomentar la autonomía: Permitirles tomar decisiones apropiadas para su edad para que desarrollen su propio criterio.
  4. Preguntar más allá de los logros: Interesarse genuinamente por cómo se sienten, en lugar de enfocarse únicamente en sus notas escolares o en lo «bien que se han portado».

En conclusión: Es igual de peligroso y preocupante tener un niño con problemas graves de conducta que un niño excesivamente bueno y pasivo. La infancia debe estar llena de curiosidad, movimiento y expresión. Dejemos que los niños sean, simplemente, niños.

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